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20 jun 2016

Hoy charlamos con... Abla Pokou



Hoy hemos decidido coger prestado el Delorean de  Doc (sí, el de Regreso al futuro), y previa autorización suya, viajar al siglo XVIII para charlar con la reina Abla Pokou.

Me cita a orillas del río Comoé, frontera natural entre Ghana y Costa de Marfil. Al llegar me ofrece una infusión de hojas de mandioca que acepto encantada. Junto a ella se halla una preciosa niña de ojos negros,  Akissi me dice que se llama, a la que le da la mano y que, me cuenta, ha venido con ella porque la niña quería comprobar que existen personas de raza blanca. Ahora que se marcha, no puedo evitar sonreír al comprobar la curiosidad de esa niña. 
Río Comoé

Abla Pokou está exhausta; su rostro delata dolor, miedo. Ha tenido que dejar atrás su vida y su ciudad, Koumassi, capital del reino Ashanti de Ghana, al que pertenece, para no ser una víctima más de las guerras de sucesión al trono que han acabado con la vida de su hermano, Dakon. En su huida hacia el Noroeste, no la han dejado sola; con ella van sus soldados, su familia y sus más fieles partidarios, que han decidido apoyarla incondicionalmente en el éxodo hacia otras tierras y que saben que seguirían el mismo camino que Dakon si se quedasen en Koumassi. Mientras me empieza a relatar su historia pienso que  tiene muchas similitudes con la situación que están viviendo hoy en día muchos refugiados.

Creo que la belleza de este paraje, así como la infusión de mandioca,  están produciendo un efecto relajante en ella,  y poco a poco consigo que se abra más a mí; ante mi más absoluta perplejidad me cuenta el sacrificio que ha tenido que hacer para salvar a su pueblo: al tirar a su único hijo, Kouakou, al río y gritar las palabras «Bâ-wouli» (el niño está muerto),  las aguas del río se calman y pueden acceder a la orilla por el lado de Costa de Marfil, dejando atrás a sus perseguidores.

“He entendido que tenía que sacrificar a mi hijo si quería que mi tribu sobreviviese; antes que mujer o madre, una reina es ante todo reina y se debe a su pueblo”, me dice. Atónita ante sus palabras, me doy cuenta de que a pesar de su sacrificio está orgullosa de haber podido salvar a su tribu, aunque sea a través de un exilio forzado; y que esto le sirve como bálsamo para dejar atrás sus penas y mirar hacia adelante.

Las palabras «Bâ-wouli» no hacen más que resonar en mi cabeza y me resultan muy familiares…..¡Albricias ! Acabo de descubrir por qué : «Bâ-wouli» es el origen de la palabra Baoulé, nombre de una de las etnias de Costa de Marfil, y la etnia principal de nuestros niños de Bodouakro.

Y, como por arte de magia, el puzzle me empieza a encajar. François, nuestro «cartero de Bodouakro», le había comentado a Aidén hace tiempo que había un personaje al que los marfileños consideraban como un héroe porque era el que había dado origen al pueblo Baoulé…. ¡Madre mía ! ¡La tengo delante de mí! ¡Es todo un honor!

Me doy cuenta de que no puedo desaprovechar esta oportunidad y de que no existe mejor persona que ella para transmitir la sabiduría de su tribu a pequeños y mayores. Pero por desgracia mi viaje es de ida y vuelta y no voy a poder estar aquí mucho tiempo más; debo buscar la forma de que esto no se quede en agua de borrajas.  Mientras ando ensimismada en estos pensamientos, no me he dado cuenta de que Akissi ha estado escuchando nuestra conversación muy atentamente; le hago una señal e invito a que venga a sentarse a nuestro lado. Le propongo a Abla Pokou que, como si de un cuentacuentos se tratase, vaya transmitiendo sus conocimientos a Akissi para que el legado de su pueblo no se pierda nunca. Ella asiente y en un gesto de complicidad le guiña un ojo. Sin saberlo, esa niña de mirada penetrante, ojos negros como el carbón va a ser la responsable de que el legado de Abla Pokou llegue allende los mares….   

Me tengo que marchar y mientras me alejo del lugar y observo como el sol se va poniendo, llego a la conclusión de que, del mismo modo que el velero de Bodouakro va sumando marineros a su causa cada vez que atraca en un puerto, “la mirada de Akissi” servirá para que conozcamos un poco más de cerca ese país tan desconocido y tan cercano a la vez para nosotros. ¡Nos vemos en la próxima entrega!

18 ene 2016

El cartero que siempre llama más de dos veces. (o de tres, o de cuatro…)

Qué fácil resulta ponernos en contacto con quien deseamos, ¿verdad qué sí?  Tenemos WhatsApp, Twitter, móvil… incluso el correo ordinario tan denostado últimamente sigue  funcionando para aquellos que prefieren la palabra escrita.

Pues venga, ahora imaginaos una aldea en medio de la nada, sin agua corriente ni electricidad,  con casas de adobe y donde el móvil es un lujazo y lo de las redes sociales mejor lo dejamos para otro día.

Sí, hablamos de Bodouakro, y os contaré qué hacemos para que esas cartas que escribís lleguen y lo que significa la correspondencia para los niños.

Primero, avisar a los padrinos y madrinas para que aquellos que lo deseen se pongan manos a la obra y escriban una bonita carta con fotos o dibujos incluidos a sus niños.
Y ya de entrada cuando aviso se produce el maremágnum. Primero, algunos la envían rápido. Segundo, los que lo dejan para el último momento y tercero, siempre siempre tengo algún despistado/a que cuando se han enviado pregunta  por la fecha limite porque no la recuerda. Jajajajaja, ¡me encanta tanta diversidad! Supongo que otros lo odiarían, no es mi caso, veo la implicación.Traduzco, registro y envío por email todas ellas.

Lo segundo es dar orden al “cartero” para que se vaya preparando, esté pendiente de la llegada de las cartas y una vez recibidas… corriendo a entregarlas.
Foto vía Aidén Calvo de Miguel.

Y lo tercero,  el tiempo. No hablo del  tiempo que emplearemos en llevar a cabo la actividad para que la comunicación entre padrinos-ahijados sea fluida, hablo del tiempo meteorológico de Costa de Marfil. En época de lluvias… ocurre lo que veis.  Este es el camino a Bodouakro, como bien suponéis, de asfalto nada de nada, tierra apisonada únicamente gracias al trasiego de gente y gracias. Lo que para nosotros supone un recorrido de media hora, se convierte en un viaje de casi tres allí. Os lo puedo asegurar porque lo he vivido, montada en la moto con mi compañero en viaje de vuelta a Daloa. No quiero recordar el dolor al bajarme ni los golpes de un casco demasiado grande para mi cabeza con los baches del camino… ¡me dolían hasta las pestañas!

Aprendí a valorar el trabajo de François y a dar gracias por tenerle ahí, dispuesto siempre a hacerlo lo mejor posible.
Foto vía Aidén Calvo de Miguel.
Cuando mi compañero aparece en Bodouakro los niños se dan cuenta enseguida que algo hay. Muchos padrinos me comentan que sus niños son muy serios, pero lo único que ocurre es que posan para las fotos.  Esto es lo que sucede cuando “el cartero” François aparece de improviso.

Las cartas se reparten y  los niños las leen y  escriben las respuestas a sus padrinos. Naturalmente esto no ocurre el mismo día, siempre hay algún pequeñajo que por algún motivo no ha ido al cole, así que nos tocará volver dos o tres o más veces a por ella.  Creo que François puede hacer el camino Daloa-Bodouakro, Bodouakro- Daloa con los ojos cerrados, en época de lluvia y sin meterse en un solo socavón.

Las cartas de los padrinos son una ventana al exterior para estos niños, les muestran otros mundos  con ciudades que buscan en el mapa de la escuela, les ayudan a pensar que también ellos quieren seguir estudiando (algunos quieren estudiar la profesión de sus padrinos) y les fuerza a escribir y leer mejor.
Foto vía Aidén Calvo de Miguel.

Ojala dentro de poco todos ellos deban esforzarse, eso significaría que cada uno recibe una carta o pinta un dibujo porque hay una madrina o un padrino implicado en su educación. Aunque tuviéramos que comprarle una saca a nuestro cartero particular. Aunque tuviera que “llamar” más de 10 veces.
Significaría el pleno apadrinamiento en Bodouakro.