3 sept. 2018

Aichata

AICHATA... late ya en mi corazón... AICHATA es el nombre de mi niña, mi ahijada... Quizás tengamos más en común de lo que imagino.


No fue fácil tomar la decisión de comprometerme, sobre todo porque caminar por la vida no fue tan sencillo. Acabo de salir de la batalla mas dura que la vida me impuso. No fue la primera y quizás no
sea la última. 

Tengo dos hijos, Gerónimo de 29 y Lautaro de 27 años. Dos hombres entrañables.Y un compañero que adoro, Enric. Así que Aichata tendrá una familia más para quererla.

En este mundo más preocupado por proyectos financieros que de proyectos sociales, ocupado más por las apariencias que por el alma: me crucé con Bodouakro. Estoy enamorada de vuestra generosidad, de vuestra labor... 


Ante la indiferencia y la precariedad humana, LAS, LOS ELIJO...

Porque es fundamental preguntarnos si lo que estamos construyendo es el lugar donde queremos estar mañana.

¡Gracias por haberme recibido con el corazón tan grande!




30 jul. 2018

Es fácil acabar con la inmigración

Cada día vivimos nuevas polémicas con la cuestión de la inmigración. ¿Acogemos o no acogemos? ¿Quitamos o ponemos vallas? ¿Damos ayudas a los que llegan o los dejamos sin prestaciones?

Está claro que todas las posturas tienen su justificación, y no voy a entrar en este post a pronunciarme sobre ello, pero sí hay una cosa que todos tenemos que tener clara: cuando alguien abandona su país, su familia, sus (aunque sean escasas) posesiones, su cultura y su idioma para empezar de cero (o menos de cero) entrar en otro país no es porque sí: es porque en su país las cosas están mal. Muy mal.




En los casos de guerra, como siria, es más complicado. Me encantaría que los poderosos dejaran de promover el negocio del armamento y así acabarían las guerras de un plumazo, pero no parece que lo vayan a hacer.

Pero en el resto de los casos, donde simplemente se mueren de hambre, el problema se solucionaría si estos posibles inmigrantes tuvieran en su país los medios para subsistir. Y en esto sí podemos hacer algo, además de quejarnos de que los gobiernos no solucionen estos problema: aportar dinero (¡qué materialista!), aunque sea un poco. Eso sí, en organizaciones de confianza que sabemos que aplican nuestro dinero en generar futuro para aquellas personas cuyo único delito ha sido el de nacer 5.000 km desviados de la zona fácil.

Y este es uno de esos casos. En el proyecto de Global Humanitaria lleva a cabo en Costa de Marfil (comenzando con Bodouakro) tengo toda la confianza. Las vidas de muchas personas ya han cambiado. Las caras de muchos niños ya tienen esperanza. Muchas mujeres se han llenado de futuro. Es un proyecto que merece la pena.

21 € al mes no te van a hacer pasar calamidades, y sin embargo vas a evitar que las pasen un montón de personas que hoy no conoces. Quizás algún día...

Y si no te convence, busca otra. Busca dónde puedes ayudar. De verdad que si todos ayudáramos un poco, empezaríamos a ver cómo la vida de aquella gente  cambia, y eso es satisfactorio. Pero si no eres tan altruista, hazlo por egoísmo: si ellos viven bien en su país, no vendrán a molestarte al tuyo :)

26 jun. 2018

Una forma de amor

Hace poco leía un texto que me resultó muy interesante donde se profundizaba en el error que cometemos actuando como si el amor fuera finito o, mejor dicho, como si nuestra capacidad de amar fuera limitada; el texto defendía que confundimos el amor con el tiempo disponible. Es cierto que la mayoría de la gente centra exclusivamente el amor en sus parejas, en sus hijos, en sus padres, en sus hermanos, en sus amigos, en sus mascotas… y ya, porque el día no les da más de sí. Tenemos tiempo para perderlo en la compra, en el gimnasio, en seguir las redes sociales; tenemos tiempo hasta para hacer sudokus, reenviar “memes”, ver la televisión, escribir post en este blog, pero no tenemos minutos para amar más, para cuidar a más gente, para escuchar más, para hacer reír más o, incluso, para acompañar en silencio. Y no disponemos de tiempo, pero siempre queremos recibir más amor de los demás; buscamos el amor, pero también sabemos que solo lo alcanzaremos haciendo felices a los demás y cotidianamente no nos esforzamos en ello lo suficiente. Busquemos tiempo, que lo tenemos.
Escuela de Bodouakro.

Esta apología del tiempo para el amor tiene mucho que ver con mi descubrimiento hace unos meses en Bodouakro de un conjunto de grandes personas que sí que amaban más allá de esos círculos habituales, dedicando tiempo a otros que están muy lejos de nosotros sumergidos en una forma de vida que probablemente no entenderíamos, en una cultura ajena y con unas necesidades tan diferentes a las nuestras. Tiene que ver con la suerte que tuve de encontrarme, gracias a mi amiga María, con dos enormes personas que derrochan amor, Cristina y Aidén. Ellas pusieron una semilla de amor muy lejos hace tiempo y tuvieron esa maestría para conseguir con su impecable gestión y su ánimo inagotable que un conjunto de padrinos, de los que ahora me enorgullece formar parte, fuéramos capaces también de mirar más allá de nuestros lazos de cariño habituales y de nuestras fronteras para entregar más amor.
Escuela de Bodouakro

Aunque es difícil expresar con palabras lo que sentimos cuando contemplamos una simple sonrisa de uno de nuestros ahijados o cuando observamos cómo van creciendo, mi mayor satisfacción es lo que no se ve en las fotos: la formación que adquieren para vivir mejor, para cambiar injusticias, para ser más libres, para poder decidir sobre su vida. Tener la oportunidad de contribuir a través de la formación a que otras personas puedan alcanzar una vida más plena en el futuro es una forma de amor y desde aquí os invito a que la experimentéis con nosotros. No os vais a arrepentir.




19 dic. 2017

Reenfocando realidades, para ver claramente los problemas...

Es verdad que cuando no vemos los problemas, parece que no son nuestros. Vivimos en nuestro mundo confortable donde casi cualquier  problema que nos surge se soluciona con un poco de tiempo, o dinero, o apoyo de personas queridas. Pero que no veamos la situación de medio mundo no quiere decir que no esté ocurriendo. La ceguera nos mantiene tranquilos pero, desde luego, no ayuda a mejorar la vida de estas personas cuyo único pecado es haber tenido la mala suerte de vivir a unos miles de kilómetros. Mañana podríamos estar como ellos.



Global Humanitaria, la ONG que sustenta el proyecto de Bodouakro, ha puesto en marcha una nueva campaña para sensibilizar y ayudar al "primer" mundo a ver lo que pasa en un montón de países que no tienen tanta suerte. La campaña se llama Reenfocando realidades porque precisamente es lo que hay que hacer, reenfocar en esos problemas que tenemos fuera de foco. Y ¿cuáles son estas realidades? Pues por ejemplo:

  • 14 millones de niños sufriendo la guerra de Siria.
  • Más de la mitad de las niñas en India se encuentran casadas antes de los 18 años.
  • 8 de cada 10 menores de Guatemala sufre desnutrición.
  • 60% de las mujeres de Costa de Marfil son analfabetas.


Y así, un montón de casos. Con esta campaña se busca ayudar en un montón de sitios, y es bien sencillo participar: en multitud de farmacias y ópticas de toda España podremos hacernos con el Kit para reenfocar realidades. Son sólo 2 € y ayudamos a todas estas cosas:


Alfabetización de mujeres. Cursos básicos de lectoescritura y matemáticas en Costa de Marfil.
El proyecto beneficia a mujeres de cooperativas agrícolas del departamento de Daloa, en Costa de Marfil. Además, recibirán un curso de educación sanitaria y derechos.



Comedores y huertos escolares en comunidades indígenas del departamento de Petén, Guatemala
El proyecto implementa 4 comedores escolares y 3 huertos pedagógicos que los abastecen y dan de comer a 564 niños. Además, se realiza una evaluación nutricional de los escolares y chequeos médicos y formación a las madres, que serán las encargadas de gestionarlos.



Apoyo escolar en 21 centros de refuerzo educativo de Murshidabad y Sunderbans, India. 
El programa pone en marcha 21 centros de refuerzo educativo en los que 2.087 menores reciben clases de apoyo 2 horas diarias. Contempla la entrega de material escolar, formación de profesores, apoyo nutricional y un centro de salud.



Programa de ayuda a niños, niñas y jóvenes refugiados sirios en Jordania.
 Apoyo terapéutico para que los niños víctimas de la guerra siria puedan superen sus miedos, y aceptar su nueva situación. El proyecto contempla talleres de arte terapia, apoyo escolar, actividades extraescolares, becas, atención psicológica y rehabilitación y fisioterapia. 



Ahh, que ¿no sabes ni dónde están la mayoría de estos sitios? Por eso te hace falte el Kit.

Vamos, ¡colabora y difunde! Ayuda a curarnos la ceguera en España y a mejorar, aunque sea un poco, la vida de miles de personas que no son culpables de su situación. También puedes promover este vídeo a todo quisqui:






Ya sabes, ¡reenfócate!

#ReenfocandoRealidades
#SoyReenfocador






18 dic. 2017

La mejor decisión de mi 2017

La primera vez que supe de Bodouakro fue por casualidad, que es como suelen aparecer las cosas más especiales. Hacía muchos meses que buscaba viajes de voluntariado en África y una ONG en la que apadrinar, y nada más decidirme me arrepentí de no haberlo hecho antes: sentí que algo cambió desde aquella misma tarde en la que me di cuenta de que esto, que se supone que va de ayudar a los demás, te ayuda primero a ti.
La escuela de Bodouakro.

Empecé por leer cada texto de este blog, la primera fuente de información e ilusión costamarfileña. A partir de ahí llegó el primer mail de Global Humanitaria, los de Aidén, las cariñosas bienvenidas tuiteras, la charla en la sede de Gran Vía, una pulsera que ya siempre me acompaña, soñar con pisar Bodouakro, conocer la identidad de la pequeña Safiatou, poder ponerle cara, pelearme con el traductor de Google al escribirle la primera carta, en francés, el grupo de WhatsApp con la lluvia de adorables fotos de los orgullosos padrinos y madrinas, las imágenes y los nuevos posts que tuitean Aidén y Estefi para alegrarnos las mañanas, encargar los regalos navideños para los chuloncitos, recibir la primera carta de Safi y no saber ni qué decir... Cualquiera de estos detalles, por pequeños que puedan parecer, se volvieron pronto motivos de felicidad, enseñanzas, recordatorios permanentes de que hay gente que lo tiene todo más difícil y lo afronta desde la lucha y la sonrisa.

No sé muy bien cómo explicarlo, pero pienso muchas veces cada día en Safi y en su familia, busco, miro y remiro las fotos que tengo de Bodouakro, y todo ello me es más que suficiente para cargar las pilas. No sé muy bien cómo describirlo, pero me agradezco cada día el dar aquel paso, que la pretensión de intentar mejorar la vida a uno de esos pequeños haya tenido justo ese efecto en la mía.

Ahora que se va acabando otro año y que es casi inevitable hacer balance, algo que cada diciembre me cuesta más, no tengo ninguna duda de que ser uno de los padrinos de Bodouakro, formar parte de esto tan grande, es la mejor decisión de mi 2017. Según empiece 2018, entre los abrazos regados por lágrimas con mi familia, me acordaré muy cariñosamente de Safi, que estará con nosotros pese a los más de 5.000 kilómetros que nos separan.

23 nov. 2017

Los enamoramientos

La primera vez que me enamoré de África apenas contaba diez primaveras. Ocurrió a bordo del Victoria, de la mano de Verne y acompañado por el doctor Fergusson, su criado, Joe, y un cazador escocés llamado Dick Kennedy. Juntos sobrevolamos el continente de Este a Oeste, desde la isla de Zanzíbar hasta la desembocadura del río Senegal en el Atlántico. Desde la seguridad de la barquilla de nuestro globo, en un viaje de cinco semanas, contemplamos puestas de sol como no hay otras, la belleza salvaje de parajes vírgenes, mares de arena y lagos tan inmensos como océanos.


Costa de Marfil
La segunda vez que me enamoré de África fue perdiéndome en el abismo insondable de unos ojos negros como la mismísima noche. Entonces ya contaba diecisiete primaveras. Su nombre era Alika, y en sus labios descubrí el sabor de la sabana nigeriana. Fue ella la que me presentó a Okonkwo, a través del que Chinua Achebe narra la influencia del colonialismo en la sociedad del África Occidental de finales del siglo XIX. Su obra es un referente educativo en escuelas de todo el continente africano hoy en día. Atrapado en el embrujo de Alika también conocí a Ugwu y Olanna, testigos del despertar de Biafra, un país que pudo ser y no fue, cuya historia me permitió asomarme al terror que la mayoría decide ignorar. Libros como El corazón de las tinieblas de Conrad o El fuego de los orígenes de Emmanuel Dongala relatan con asombrosa crudeza y maestría las sangrientas colonizaciones europeas del continente

La tercera vez que me enamoré de África contaba veinte primaveras. Por culpa de Shakespeare, Bernard Shaw y Terenci Moix quedé completamente prendado de Cleopatra. Mientras mis compañeros de carrera en la universidad dirigían la mirada hacia Europa y bebían los vientos por Afrodita, diosa del amor en la mitología griega, o Venus, diosa de la belleza en la mitología romana, mi obsesión por la última reina del Antiguo Egipto me abría las puertas del panteón egipcio. Hathor, Nut e Isis ejercieron de guías hacia los mitos y leyendas del continente negro. Desde entonces, muchas son las aventuras vividas. Recuerdo haber partido junto a Juan de Olid en busca del cuerno de un unicornio, haber explorado las minas del rey Salomón siguiendo a Allan Quatermain y haber aprendido historias de ngangas (brujos) acompañando a Paul Verheyen al Congo. 

La cuarta vez que me enamoré de África inauguraba el segundo año de la veintena. Fue en una librería de viejo en pleno corazón de Inglaterra, en Londres, ciudad desde la que, curiosamente, había iniciado mi primer periplo africano junto al doctor Fergusson más de diez años atrás. Casualidad o destino. Flanqueado por dos enormes tomos negros cuyos títulos no rememoro, me topé con un ejemplar de Reine Pokou, en el que Véronique Tadjo recrea la leyenda de Abraha Pokou, una figura casi mística en la cultura Baoulé y, en general, en todo Costa de Marfil. 

La quinta vez que me enamoré de África ya no contaba primaveras, y lo que me sedujo fueron el arrojo, la pasión, el empeño y la ilusión de dos mujeres que se dejan el alma a cada paso que dan. Las conocéis perfectamente. 


Costa de Marfil
Cada uno de los libros mencionados no es sino una piedra más el camino que me ha llevado a escribir las líneas que ahora leéis. Atesoro cada letra, cada palabra, cada frase, cada experiencia. 
He querido hacer este recorrido literario por dos motivos. En primer lugar, para destacar la importancia de la educación como pieza esencial en la lucha contra la pobreza que asola África. Solo a través de la enseñanza podemos romper las cadenas que atan a muchos niños a un futuro sin oportunidades. Y es tarea del conjunto de la humanidad lograrlo. Los niños, el porvenir del planeta, son responsabilidad de todos. La labor de Global Humanitaria en Bodouakro es un ejemplo de la trascendencia de la formación. En segundo lugar, para compartir las obras que me han traído hasta aquí. Si a mí sirvieron, también servirán a otros. Los libros ensanchan nuestro pequeño universo y nos obligan a enfrentarnos a realidades que, de otro modo, ignoramos. 

A continuación os dejo una relación con los libros aquí mencionados, directa o indirectamente. Para mí supusieron un antes y un después en mi relación con África. 

- Cinco semanas en Globo, Jules Verne
- Todo se desmorona, Chinua Achebe
- Hormigueros de la sabana, Chinua Achebe
- Medio sol amarillo, Chimamanda Ngozi Adichie
- Cleopatra y Marco Antonio, William Shakespeare
- César y Cleopatra, George Bernard Shaw
- No digas que fue un sueño, Terenci Moix
- En busca del unicornio, Juan Eslava Galán
- Las minas del rey Salomón, H. Rider Haggard
- El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad
- El fuego de los orígenes, Emmanuel Dongala
- La maldición del brujo Leopardo, Heinz Delam
- Reine Pokou, Véronique Tadjo 




21 nov. 2017

Y nos entendemos bien

El día que conocí a Melania me dijo “las personas comprometidas con causas humanitarias nos entendemos bien”, y creo que tiene razón, por eso son tan agradables las comidas de padrinos de Bodouakro, y por eso tuve la sensación de conocerla de antes tomando con ella un café real, porque un café virtual ya nos habíamos tomado, y espero que ninguno de los dos sean los últimos, el real porque me gustará volver a charlar con ella y el virtual porque seguiré colaborando en el proyecto que junto a su inseparable Isabel han puesto en marcha para ayudar a distintas causas. La ONG se llama Share A Coffee For. Es una idea muy buena, porque permite hacer microdonaciones, y así, personas que no pueden permitirse aportar más, o no están seguras de querer comprometerse con una cantidad fija mensual, pueden ayudar, ya que el dinero que donan por su café virtual se convierte en ayuda directa para el proyecto elegido. Yo las conocí porque doné para su café naranja (share a coffee for a school) por la educación de mujeres en Sikaboutou, proyecto que Global Humanitaria tiene en Costa de Marfil, pero tienen otros 8 colores-sabores de café para ayudar a distintas causas, visitad su web y ¡haceros cafeteros solidarios!

Otra de esas personas comprometidas que se han animado a echar una mano por la educación de las mujeres de Sikaboutou es Patricia Martínez, periodista y diseñadora de complementos. No tengo el gusto de conocerla en persona, pero sí su trabajo, pues antes de que nos hiciese las pulseras solidarias de las que ahora os hablaré yo ya era clienta, tiene unas cositas muy bonitas, echad un vistazo a su web. Lo de las pulseras solidarias fue un “enredo” que se le pidió y con el que sin dudarlo se lanzó a colaborar, son unas pulseras muy chulas que llenan de sonrisas (srilè) y futuro (tchaka) esta comunidad agraria, pues la mitad de lo que cuesta se destina al proyecto de alfabetización de mujeres para su inserción socio-laboral. Creo que no hay padrino de Bodouadro y amigo o familiar que no tenga una o varias. Si tú aún no la tienes ya estás tardando, aquí puedes encontrarlas. Muchas gracias a estas tres mujeres, porque con su esfuerzo y trabajo están contribuyendo a que otras mujeres mejoren su calidad de vida, y en consecuencia toda su comunidad.