18 jul. 2016

Allí igual que aquí.

NO PODEMOS CAMBIAR EL PRINCIPIO, PERO PODEMOS AYUDAR A ESCRIBIR  EL FINAL.

Allí igual que aquí.

El curso termina, un año escolar que igual que aquí acaba con exámenes finales y notas esperadas por algunos y  no tanto por otros.


Un año más estamos ahí, casi casi con los mismos nervios que ellos. ¿Habrán aprobado? ¿Repetirán?¿Estarán el año que viene o se desplazarán con la familia a otro lugar con más oportunidades laborales para el padre?

Pendientes de todos, de aquellos que de pequeñitos empezaron con nosotros en la aventura del apadrinamiento y ahora están en los últimos cursos y pendientes de los pequeñajos del CP1 que comenzaron este año su andadura escolar llenos de sonrisas y esperanzas en ese mundo nuevo que les acercaba a sus hermanos mayores.


Allí igual que aquí.

A la escuela todos los días, y los avisos de las madres: “ten cuidado” “mira a ver por dónde vas” “No corráis”. Calles, semáforos, coches, multitud de gente transitando por las vías. Menos mal que existen las benditas rutas que llevan a nuestros niños y sus  mochilas cargadas con 10 libros, 10 cuadernos, el estuche, el bollycao para el recreo, el zumo... 

Claro que en Bodouakro y alrededores simplemente NO HAY. No hay calles, no hay asfalto, no hay ruta que lleve al cole a los niños… Así que los avisos maternales son iguales pero ampliados: “Cuidado en el camino, que estamos en época de lluvias” “No corráis que alguno de vosotros va descalzo y os podéis lastimar con las ramas caídas” “No se os olvide la pizarra y la tiza o no podréis escribir” Y saliendo de casa prontito, porque la escuela en algunos casos se encuentra a 10 km (si, 10 km ida, 10km vuelta) cuando no son más. Andando.


Allí igual que aquí.

Llegan las notas. Se ha notado una mejoría en el nivel escolar, aunque sigan escribiendo todas las palabras juntas, aunque su letra no sea bonita. La creación de la escuela, el comedor,  y las donaciones de material escolar se han convertido en educación y alimentación.

Para aquellos que no lo han conseguido no hay castigos por no haber aprobado, el año que viene será diferente y lo conseguirán.
Los niños son niños en todas partes, tienen las mismas ganas de aprender, de jugar y experimentar. Solo que algunos tienen mucho y a pesar de ello se aburren y otros carecen de todo y disfrutan de juegos inventados con sus amigos.

La labor de sus mayores, el protegerlos. Y  nosotros, el equipo de Global Humanitaria que trabaja en Costa de Marfil, así como las madrinas y padrinos de Bodouakro  formamos parte en la medida de lo posible de esa protección.


Porque también somos sus mayores. Porque también pasamos  nervios  por sus notas. Por ellos.

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