14 mar. 2016

Hoy charlamos con... María (uno)

Dejo a Juanra y me voy a comer con María, una de las “Marías de Bodouakro”. Sí, tenemos cuatro.

Os voy a contar un secreto: junto con Aidén es la avanzadilla, la que le acompaña a buscar restaurantes para nuestras comidas solidarias (la que cuando Aidén la avisa sobre un nuevo evento siempre dice “si tú me dices ven, lo dejo todo” y la que  lucha igual que ella con los dueños de los restaurantes para que la parte solidaria de los eventos sea la mayor posible). 


María Tejero
Hemos quedado a comer porque la excusa es probar vinos y vamos a catar varios. Veremos cómo salimos de ésta…

Tiene una mirada risueña de las que te cuentan que debe tener un corazón enorme. Nos damos dos besos al encontrarnos y rápido tomamos posiciones. Enseguida nos ponemos a hablar de nuestros niños, ella también ha recibido correo de Aidén y entre las diferentes fotos que nos ha enviado hay unas en la que a François se le ha ocurrido hacer, donde los niños portan unas pizarras y nos saludan. La verdad es que mola mucho “¡qué detallazo! Este chico (François) se lo curra. Tiene que ser muy empático para que se le ocurran cosas así”. Asiento. “Bueno es que todos son admirables, fíjate en Cristina es de las pocas personas que conozco que se arriesgan a quitarse toda venda de los ojos. Con todo lo que ha debido vivir, sigue ahí incansable y al pie del cañón para mostrarnos a ese gran desconocido que es África.” Me cuenta que estuvo de erasmus en Roma y que allí en la estatua del Nilo en la Fontana dei Quattro Fiumi, el Nilo se tapa la cabeza… hay distintas versiones sobre los motivos, como el desconocimiento que se tenía sobre él por entonces. Cree que esa imagen refleja lo que representa África para nosotros que nos tapamos los ojos por miedo a lo que nos podemos encontrar.  Y así de pronto,  pienso qué tiene mucha razón.


Vamos por el segundo vino y he decidido dejar de anotar los nombres. Estoy tan metida en la conversación que si ahora me dieran aguarrás también me lo bebería. Tuvo una infancia feliz y se nota. Se alegra de haber nacido en una época en que aún podía jugar en la calle “donde tu mejor aliado era la imaginación” por eso sueña con poder volar. Aún conserva esa inocencia de la infancia que a veces es necesaria.

Seguimos hablando de Bodouakro y de cómo los padrinos estamos consiguiendo que la vida de los niños y la de la comunidad sean más sencillas. Pero claro, esto es gracias a Aidén que según ella nos revoluciona con su cercanía, transparencia, con su sentido del humor y, sobre todo, con su calidad humana…


Quinto vino, me planto. De aquí salimos cantando el “Hakuna Matata” porque aunque no hemos arreglado el mundo me quedo con la sensación de que hoy he conocido a alguien especial que está siempre que se le necesita y eso es de agradecer. Porque en este barco cuando las velas no tiran remamos con más fuerza.

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