23 nov 2017

Los enamoramientos

La primera vez que me enamoré de África apenas contaba diez primaveras. Ocurrió a bordo del Victoria, de la mano de Verne y acompañado por el doctor Fergusson, su criado, Joe, y un cazador escocés llamado Dick Kennedy. Juntos sobrevolamos el continente de Este a Oeste, desde la isla de Zanzíbar hasta la desembocadura del río Senegal en el Atlántico. Desde la seguridad de la barquilla de nuestro globo, en un viaje de cinco semanas, contemplamos puestas de sol como no hay otras, la belleza salvaje de parajes vírgenes, mares de arena y lagos tan inmensos como océanos.


Costa de Marfil
La segunda vez que me enamoré de África fue perdiéndome en el abismo insondable de unos ojos negros como la mismísima noche. Entonces ya contaba diecisiete primaveras. Su nombre era Alika, y en sus labios descubrí el sabor de la sabana nigeriana. Fue ella la que me presentó a Okonkwo, a través del que Chinua Achebe narra la influencia del colonialismo en la sociedad del África Occidental de finales del siglo XIX. Su obra es un referente educativo en escuelas de todo el continente africano hoy en día. Atrapado en el embrujo de Alika también conocí a Ugwu y Olanna, testigos del despertar de Biafra, un país que pudo ser y no fue, cuya historia me permitió asomarme al terror que la mayoría decide ignorar. Libros como El corazón de las tinieblas de Conrad o El fuego de los orígenes de Emmanuel Dongala relatan con asombrosa crudeza y maestría las sangrientas colonizaciones europeas del continente

La tercera vez que me enamoré de África contaba veinte primaveras. Por culpa de Shakespeare, Bernard Shaw y Terenci Moix quedé completamente prendado de Cleopatra. Mientras mis compañeros de carrera en la universidad dirigían la mirada hacia Europa y bebían los vientos por Afrodita, diosa del amor en la mitología griega, o Venus, diosa de la belleza en la mitología romana, mi obsesión por la última reina del Antiguo Egipto me abría las puertas del panteón egipcio. Hathor, Nut e Isis ejercieron de guías hacia los mitos y leyendas del continente negro. Desde entonces, muchas son las aventuras vividas. Recuerdo haber partido junto a Juan de Olid en busca del cuerno de un unicornio, haber explorado las minas del rey Salomón siguiendo a Allan Quatermain y haber aprendido historias de ngangas (brujos) acompañando a Paul Verheyen al Congo. 

La cuarta vez que me enamoré de África inauguraba el segundo año de la veintena. Fue en una librería de viejo en pleno corazón de Inglaterra, en Londres, ciudad desde la que, curiosamente, había iniciado mi primer periplo africano junto al doctor Fergusson más de diez años atrás. Casualidad o destino. Flanqueado por dos enormes tomos negros cuyos títulos no rememoro, me topé con un ejemplar de Reine Pokou, en el que Véronique Tadjo recrea la leyenda de Abraha Pokou, una figura casi mística en la cultura Baoulé y, en general, en todo Costa de Marfil. 

La quinta vez que me enamoré de África ya no contaba primaveras, y lo que me sedujo fueron el arrojo, la pasión, el empeño y la ilusión de dos mujeres que se dejan el alma a cada paso que dan. Las conocéis perfectamente. 


Costa de Marfil
Cada uno de los libros mencionados no es sino una piedra más el camino que me ha llevado a escribir las líneas que ahora leéis. Atesoro cada letra, cada palabra, cada frase, cada experiencia. 
He querido hacer este recorrido literario por dos motivos. En primer lugar, para destacar la importancia de la educación como pieza esencial en la lucha contra la pobreza que asola África. Solo a través de la enseñanza podemos romper las cadenas que atan a muchos niños a un futuro sin oportunidades. Y es tarea del conjunto de la humanidad lograrlo. Los niños, el porvenir del planeta, son responsabilidad de todos. La labor de Global Humanitaria en Bodouakro es un ejemplo de la trascendencia de la formación. En segundo lugar, para compartir las obras que me han traído hasta aquí. Si a mí sirvieron, también servirán a otros. Los libros ensanchan nuestro pequeño universo y nos obligan a enfrentarnos a realidades que, de otro modo, ignoramos. 

A continuación os dejo una relación con los libros aquí mencionados, directa o indirectamente. Para mí supusieron un antes y un después en mi relación con África. 

- Cinco semanas en Globo, Jules Verne
- Todo se desmorona, Chinua Achebe
- Hormigueros de la sabana, Chinua Achebe
- Medio sol amarillo, Chimamanda Ngozi Adichie
- Cleopatra y Marco Antonio, William Shakespeare
- César y Cleopatra, George Bernard Shaw
- No digas que fue un sueño, Terenci Moix
- En busca del unicornio, Juan Eslava Galán
- Las minas del rey Salomón, H. Rider Haggard
- El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad
- El fuego de los orígenes, Emmanuel Dongala
- La maldición del brujo Leopardo, Heinz Delam
- Reine Pokou, Véronique Tadjo 




21 nov 2017

Y nos entendemos bien

El día que conocí a Melania me dijo “las personas comprometidas con causas humanitarias nos entendemos bien”, y creo que tiene razón, por eso son tan agradables las comidas de padrinos de Bodouakro, y por eso tuve la sensación de conocerla de antes tomando con ella un café real, porque un café virtual ya nos habíamos tomado, y espero que ninguno de los dos sean los últimos, el real porque me gustará volver a charlar con ella y el virtual porque seguiré colaborando en el proyecto que junto a su inseparable Isabel han puesto en marcha para ayudar a distintas causas. La ONG se llama Share A Coffee For. Es una idea muy buena, porque permite hacer microdonaciones, y así, personas que no pueden permitirse aportar más, o no están seguras de querer comprometerse con una cantidad fija mensual, pueden ayudar, ya que el dinero que donan por su café virtual se convierte en ayuda directa para el proyecto elegido. Yo las conocí porque doné para su café naranja (share a coffee for a school) por la educación de mujeres en Sikaboutou, proyecto que Global Humanitaria tiene en Costa de Marfil, pero tienen otros 8 colores-sabores de café para ayudar a distintas causas, visitad su web y ¡haceros cafeteros solidarios!

Otra de esas personas comprometidas que se han animado a echar una mano por la educación de las mujeres de Sikaboutou es Patricia Martínez, periodista y diseñadora de complementos. No tengo el gusto de conocerla en persona, pero sí su trabajo, pues antes de que nos hiciese las pulseras solidarias de las que ahora os hablaré yo ya era clienta, tiene unas cositas muy bonitas, echad un vistazo a su web. Lo de las pulseras solidarias fue un “enredo” que se le pidió y con el que sin dudarlo se lanzó a colaborar, son unas pulseras muy chulas que llenan de sonrisas (srilè) y futuro (tchaka) esta comunidad agraria, pues la mitad de lo que cuesta se destina al proyecto de alfabetización de mujeres para su inserción socio-laboral. Creo que no hay padrino de Bodouadro y amigo o familiar que no tenga una o varias. Si tú aún no la tienes ya estás tardando, aquí puedes encontrarlas. Muchas gracias a estas tres mujeres, porque con su esfuerzo y trabajo están contribuyendo a que otras mujeres mejoren su calidad de vida, y en consecuencia toda su comunidad.







15 nov 2017

Crónica de la 9ª comida de padrinos y amigos de Bodouakro

Otra vez los padrinos, madrinas y amigos de Bodouakro nos reunimos en una comida con un objetivo claro, algo que nos hace felices a todos: nuestros peques, los proyectos que Global Humanitaria lleva a cabo en Costa de Marfil, compartir experiencias y descubrir cosas nuevas de gente conocida. 




Esta vez fue en el Cambridge Soho Club, un lugar muy bonito, agradable y bien situado. El ambiente nos hizo sentir cómodos a todos... Como en otras comidas vino gente nueva que siempre es un placer conocer, amigas y amigos de Bodouakro, como Noelia, Helena, Laura, Juanjo, Juan, Carmelo (lo siento si me dejo a alguien)... que como es normal fueron muy bien recibidos por el resto de padrinos. Antes de comer, fuimos tomando algo y hablando entre nosotros. Siempre pasa que hace tiempo que no ves a alguien y tienes ganas de volver a hablar con él. 


Hubo vídeo, parece que se están institucionalizando, donde pasaron imágenes de los padrinos con los ahijados y sobre el proyecto de Alfabetización de mujeres en Dema (Costa de Marfil), uno de los proyectos que Global Humanitaria repite anualmente en un campamento diferente del país. El vídeo nos enseñó que los proyectos no solo se centran en la educación de los peques, también las mujeres aprenden lengua y matemáticas; esto no es solo apadrinar...es cambiar la vida de muchos niños y mujeres que nunca han tenido la oportunidad de aprender. En esto consiste parte de la gran familia de Bodouakro.




Llegó la hora de comer y todos teníamos mesas asignadas con nombres de los campamentos en los que se desarrollan los proyectos de Global Humanitaria en Costa de Marfil. La comida fue distendida, alegre, el servicio fue muy bueno, todos estuvimos cómodos, charlamos mucho y como siempre gratificante...especialmente para mí porque era mi cumpleaños y recibí un libro, “El corazón del tiempo” la primera parte de la trilogía “Bellenuit” de Juanjo de Goya, que fui dejando en alguna mesa para que amigos, padrinos y madrinas me dejaran alguna cosa escrita (libro que guardo como un tesoro) También tuve la suerte de que su autor me lo firmara...todo un detalle, ¡Gracias, Juanjo!




Una vez escuché que las comidas de padrinos se sabe cuándo empiezan pero nunca cuándo acaban y puedo jurar que es cierto, ¿verdad Diego? Al finalizar la comida tocó tomar algo y charlar con aquellos que no estaban en tu mesa, aquí añadiría que la familia de Bodouakro la hacemos única entre todos, empezando por Aidén y acabando por los últimos padrinos en llegar.




Un saludo a todos y a los que no habéis venido nunca en la próxima os esperamos.












13 nov 2017

Compromiso y confianza

Hoy se estrena en nuestro blog: Noelia, amiga de Bodouakro. Tuvimos la suerte de que nos acompañara en la última comida solidaria que celebramos hace un par de fines de semana. Nos cuenta sus impresiones al conocernos. Os dejamos con ella... 
Noelia


"Hay personas que son un soplo de aire fresco, que se instalan en nuestro corazón. Y si hay algo auténtico y enriquecedor es permitir abrir nuestro corazón a aquellas personas que nos pueden enriquecer, traernos otros puntos de vista y hacernos pensar más allá de nuestra rutina y pequeña realidad del día a día.

Es el caso de las personas comprometidas con el proyecto de Bodouakro. He tenido el placer de ir como invitada el pasado cuatro de noviembre a la 9ª comida de padrinos, en la que tuve la suerte de disfrutar de una gran compañía y sentirme parte de esta gran familia, a la que pienso que definen muy bien dos palabras: compromiso y confianza. 

Mariam
Hace tiempo que en casa colaboramos en este proyecto con el apadrinamiento de Mariam, pero en mi caso personalmente nunca había tenido la oportunidad de adentrarme un poco más allá y conocer a los padrinos y a la gente involucrada, que destaca, entre muchas otras cosas, porque a la vez son amigos que quieren compartir esta experiencia y por ello se movieron a Madrid desde toda España. 

Da gusto ver que hay personas con tantas ganas e ilusión, ¡gracias por transmitirlo! Y gracias también a personas como Aidén, por la oportunidad de hacernos a todos partícipes de esta encantadora experiencia. 

En cuanto a la comida, estaré encantada de repetir otro día como éste, nos veremos en la próxima, ¡¡seguro!!

Noelia"


¡Bienvenida, Noelia!




11 jul 2017

Nacer en Costa de Marfil

¿Qué lotería genética hizo que a mí me tocara el premio gordo naciendo en el primer mundo, teniendo el alimento asegurado, la sanidad cubierta y la educación resuelta?
¿Qué diabólico juego de azar hace que haya niños que nacidos en la otra orilla del mundo no tengan acceso a la educación por tener que trabajar sin remuneración alguna?

Nacer en Costa de Marfil es nacer en un contexto marcado por la pobreza, la desigualdad y exclusión. Nacer en Costa de Marfil implica tener una altísima probabilidad de morir antes de los cinco años, donde los privilegiados que logran superar esta barrera etaria se ven obligados en su gran mayoría a trabajar en las plantaciones de cacao a cambio de nada. En otra época, no muy lejana, otro alto porcentaje de niños eran reclutados como soldados para combatir en el frente o como detectores de minas, por suerte, ahora, los enfrentamientos militares se han tranquilizado.

Si nacer niño en Costa de Marfil es duro, mucho peor es nacer niña. Porque ellas son destinadas, prácticamente desde que nacen, a la esclavitud, negándoseles todo tipo de derechos. Y es por todo esto por lo que llegar a la escuela se transforma en un verdadero lujo, máxime cuando la educación no es gratuita, pero continúa siendo como en todo el mundo,  el único modo de romper con el círculo de la pobreza, y no sólo de la propia, sino la de aquellos que serán parte de las generaciones venideras.

¿Cuál es entonces nuestro deber con respecto a estos niños que sólo se diferencian de los nuestros por el lugar en el que nacieron? ¿De qué manera debemos colaborar para romper esa deriva de pobreza que no tiene a simple vista y a medio plazo una solución? Sin duda, contribuyendo a su escolarización. Porque lo que para nosotros es insignificante, en tanto constituye parte de nuestra normalidad y un eslabón en la cadena de derechos ya adquiridos, para ellos es –ni más ni menos- el futuro.
Pero afortunadamente, la herramienta existe. Desde Global Humanitaria y de manera transparente, podemos abordar el problema para contribuir a resolverlo de manera tangible.


Foto: Manu Brabo

Llegué a Bodouakro de la misma manera que se llega a los lugares más hermosos: de la mano de un amigo. Porque fue de la mano de Estefi como les conocí; la gran familia de padrinos y madrinas de Global Humanitaria en Costa de Marfil hacen -hacemos- posible que los niños vayan a la escuela, que tengan material escolar y que tengan acceso a la alimentación gracias a los comedores escolares.

Colaborar para poner fin a la pobreza de una persona no es una opción, no es una satisfacción, no es un privilegio; es el deber que nos corresponde a nosotros, aquellos que hemos nacido sin haber hecho mérito ninguno, en el lado privilegiado del mundo.


18 jun 2017

La suerte que tenemos

Tenemos suerte. Mucha suerte. 

Poder ayudar a progresar a unas personas a las que no conocemos personalemente y que viven a miles de kilómetros de nosotros, es una suerte.

Poder disfrutar de una vida en este primer mundo (¿?) con tantas oportunidades, es una suerte.

Que personas como Cristina Saavedra Aidén Calvo pongan tanta energía y tanta vida para hacer que nuestra aportación se convierta en hechos en Bodouakro, es una suerte.

Que cada día los medios vayan dando más visibilidad a esta aventura, es una suerte.
Foto Cristina Saavedra

Contar con el apoyo de Globl Huanitaria para llevar a cabo esta tarea, es una suerte

Porque sí, este mes Cris ha estado otra vez allí en persona, en Costa de Marfil, en Bodouakro. Ha comprobado in situ cómo va la cosa. Y lo ha contado magistralmente en este artículo de El País.

Y porque también en El País se han hecho eco de los problemas de aquellos niños en este reportaje fotográfico de Manu Brabo.

Y porque se van vendiendo (aunque falta la tuya) pulseras solidarias de dicisietecosas, y todo suma.

Pues eso, que estoy contento. Y más si te unes. Porque no te vas a arrepentir. Y ellos van a alucinar aún más con el cambio que está dando su vida. 

3 may 2017

Crónica de una comida

Gracias por una Comida de Padrinos Bodouakro solidaria, entrañable y divertida.

Una comida de padrinos es siempre una comida de padrinos pero nunca es igual. Da gusto volver a ver a personas tan solidarias, venidas de toda España (Inma, Estefi, Xavi, Diego, Cristian...), echar de menos a otras que, en esta ocasión, no pudieron acompañarnos, conocer a los nuevos miembros de esta gran familia que es Bodouakro... o que pronto lo serán (sin presiones, chicos), y disfrutar de una gran comida y de una sobremesa que se alarga, y se alarga, y se alarga, porque nos sentimos a gusto compartiendo experiencias.

El jardín prohibido

En todo ello, esta octava comida de padrinos, que celebramos el 22 de abril, fue como las demás; igual de entrañable y de divertida. Pero, como siempre también, fue muy especial. Sentadas en la mesa, María Tejero, Aida y yo intentábamos recordar cómo y dónde fueron las anteriores, incluyendo las dos primeras que me perdí. Y ya ninguna más pues el que viene, repite, excepto catástrofe o trabajo.

Qué tendrán estas comidas que surten tales efectos en nosotros. En primer lugar, contar con unas anfitrionas como Cristina, nuestra responsable de proyectos en Costa de Marfil, y Aidén, encargada de gestionar la locura de coordinarnos y técnica de apadrinamiento en Costa de Marfil. Y luego tener como compañeros de aventura a grandes personas que, en muchos casos, se han convertido en amigos o pronto lo serán.

Amigos que compartimos un sentimiento común. Amigos que disfrutamos ayudando. Amigos que nos emocionamos solo con ver a nuestros niños y niñas en una pantalla de televisión, y comprobar cómo es una clase; o a unas mujeres, vestidas con sus mejores galas, dando las gracias a través de cánticos y de bailes. Amigos que disfrutan de la compañía mutua. Y ahora, amigos que comparten unas bonitas pulseras solidarias como símbolos de un proyecto maravilloso que nos ha unido.

Pulseras de diferentes colores que llevan chapas con palabras como sonrisa (srilè) y futuro (tchaka). Por supuesto, también un “Mi corazón late por Bodouakro”. Si tardamos un poco más, acabamos con las existencias de diecisietecosas, la web que se ha implicado tanto con este proyecto que nos ofrece el 50% de lo recaudado con ellas por cada una de las compras. Por si te animas, aquí tienes el enlace: https://www.diecisietecosas.com/pulseras-solidarias

Y luego, tras la excelente comida en El Jardín Prohibido (es la segunda vez que repetimos, por algo será), alargamos la jornada en una terraza, disfrutando del aún buen tiempo de Madrid y de una 
interesante conversación. El final, no tuvo precio. Ver a Xavi y a María Tejero cantando por Pimpinela o quedarme al borde de la afonía intentando seguir a un Diego brutal como antiguo cantante de Jotas que es (imagina el nivel), querer convencer sin éxito a Juanra y a Javi para que se decidieran a seguirnos,... fueron momentos inolvidables.

Gracias Global Humanitaria por el proyecto de Bodouakro y por el artículo sobre esta comida. Gracias Cristina y Aidén por juntarnos y aportarnos ese entusiasmo que imprimís. Gracias por permitirnos ayudar y dar una educación a niños y a mujeres para que tengan un futuro mejor. Gracias a diecisietecosas por su solidaridad y creatividad. Gracias al Jardín Prohibido por acogernos de nuevo y darnos todas las facilidades posibles. Y gracias a mis compañeros padrinos por ser como son.

Como siempre, me he quedado con ganas de repetir. ¿Para cuándo la siguiente?