17 dic. 2015

Cómo un vestido de neopreno y “una noche en El Prado” me llevaron a Bodouakro

Mi experiencia con Bodouakro es muy reciente. Los Derechos Humanos siempre me han llamado la atención. Con diecinueve era voluntaria y trabajaba con niños. África, la descubrí cuando vi por primera vez “Memorias de África”, con siete. Esto puede resultar muy romántico y no lo es para nada porque ese descubrimiento me provocó un respeto enorme por el continente. África siempre estuvo ahí pero la miraba con impotencia: “¡Mamá! ¿Nadie hace nada allí? ¡Mamá! ¿Nadie ayuda allí?” con diez eran mis preguntas y claro a los que me rodeaban no les parecía muy normal…

Foto vía Estefi
Entro en Twitter en el 2011 y como en toda primera experiencia en la que no tienes ni (puta) idea, te dejas llevar por lo que hacen los demás. Hasta que empiezas a seleccionar por intereses: arte, periodismo (una de mis espinitas)… y aparecen tres personas en mi “vida tuitera” primero y en la 1.0 después que me redescubren África y los Derechos Humanos. Se enciende “la luz” y me doy cuenta de que en Twitter, África existe y existe mucho.

La crisis que todos hemos sufrido de una manera u otra me llevó a “chupar sofá”, a no salir mucho los fines de semana, a ver mucha tele y a comentarla vía Twitter. Esto es un ejemplo de cómo empecé a forjar mi fama de borde en la red social.

Foto vía Estefi.
Un día de junio Cristina Saavedra pone esto: una visita nocturna al Museo del Prado, moría de envidia… pensé que lo del vestido debía ser un error, que alguien que tuitea sobre arte no puede tener tan mal gusto. ¡y no me equivoqué! ¡Uffff qué alivio! de verdad. Comencé a seguir a Cristina y mi “TL” tomó otro color; retuits y tuits sobre África, Derechos Humanos, fotografía (suyas y de otros)… todo empezó a transformarse y esa impotencia con la que miraba a África, con diez, se convirtió en ganas de ayudar aunque fuera desde aquí, pero ayudar. La jodía crisis no te deja ir a más hasta que en noviembre de 2014 fruto de una desgracia familiar, paradojas, mi crisis particular mejoró y lo primero que hago es querer colaborar con Cristina y su proyecto en Bodouakro, en Costa de Marfil. Lo poco que sabía era lo que había leído pero Cris me ganó. ¿Conocéis esa sensación que aunque compartas poco con alguien parece que la conoces de toda la vida?


Y en diciembre amadriné a Khoissan, una enana de diez, preciosa, con una de las miradas más tristes que he visto jamás, que cuenta poco pero lo agradece todo y eso llena, quieres más. Al menos que sus necesidades estén “casi” cubiertas. Descubres que detrás de Cristina hay una gran familia encabezada por Aidén que nos cuenta cómo van nuestros enanos en Bodouakro, nos implica, no nos deja en el olvido, no nos envía la foto y ya. Nos reúne y parte de la familia de Bodouakro (la otra parte está en Costa de Marfil) se conoce, comparte y toma la iniciativa siempre mirando a nuestro “NORTE” que está en el Sur. 

No me enrollo más porque aburro pero esta familia marfileña es otro de los motivos por los que levantarse cada mañana tiene sentido. Ahora tengo a Bodouakro muy presente y no paras de dar vueltas en la cabeza para que surja una idea, que los otros cien niños que esperan padrino, lo tengan pronto y que los proyectos se mantengan por sí solos. Pero siempre estaremos ahí y no los dejaremos caer, seremos la cama elástica donde reboten.

Y así fue cómo un vestido horroroso que parecía de neopreno y una visita nocturna al Museo del Prado me llevaron a Bodouakro.

Gracias Aidén y Cris por abrirme la puerta e invitarme a entrar. 

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