13 abr. 2016

Esta historia no la conoce nadie...

Esta historia no la conoce nadie, siempre pensé en que algún día la escribiría y hoy es la hora...

Tenía 13 años y estudiaba bachillerato y en el barrio se instaló un chico negro, luego supe que era guineano. 

Teníamos más o menos la misma edad, cogíamos el autobús a la misma hora para ir a clase, con nuestra mochila de libros, yo bajaba en la parada del instituto y él seguía hacia donde nunca supe. Nos observábamos sin mirarnos a los ojos, siempre noté su mirada hacia mi que agachaba cuando yo le observaba. Pasaron unos meses y un día una amiga me subió a casa una hoja de libreta partida por la mitad, tenia un mensaje: "te espero en el banco de la parada de autobús a las 5 de la tarde, me gustas".

No me dejó bajar por mucho que insistí a mi madre, "no lo conoces hija, cualquiera sabe qué querrá"...

Y ahí empezó mi aventura de amor por África...
Empecé a leer libros sobre ese continente, a enamorarme de sus paisajes, de los relatos que leía, de los documentales que devoraba como una posesa.

Hasta que llegué a "Memorias de África", la película, no voy a olvidar nunca lo que dije a mi querida y añorada madre: "un día volaré hacía allá como ella y sé que me quedaré allí para siempre", aún oigo sus risas, "vaya, con lo cabezona y peguijera que eres, lo que te propongas".

Y en ello ando desde entonces, enamorándome cada instante, de sus gentes, de su tierra roja, de su pasión por la vida, de las acogidas cuando llego, sus abrazos y su amor que es mi recompensa.

Conocí a Cristina Saavedra y a Aidén Calvo por las redes sociales, pura casualidad que se transformó en pocos días en causalidad, chismorreé qué hacían y así llegué a Bodouakro, después de un mensaje privado de Cristina, tan cariñoso que me hizo enrojecer.

Apadrinar a estas niñas o niños africanos es una recompensa por lo que me han regalado ellos con tanta generosidad desde hace ya años. Si no das, es que no tienes nada...
Ahou Anastasie

Primero fue Malawi, mi segunda tierra, ahora Costa de Marfil; y quién sabe, los mapas de la vida se dibujan con las lineas de los latidos del corazón, y allá donde me lleve se quedará ese latido dando calor y vida a quien lo pudiera necesitar...

Iré a Costa de Marfil algún día, a conocer a Ahou Anastasie para abrazarla y decirle que ya la queremos, que ya es nuestra familia; lo sé y lo tengo por seguro recordando aquella frase de mi madre...
Mientras tanto, seguiré intentando ampliar mi viaje por la vida con otros mapas humanos, los caminos nunca acaban si comienzas con el primer paso...

Gracias por recibirme con tanto cariño sin conocerme; siempre me digo que, al fin y al cabo, todas y todos nos vemos con los ojos del corazón, y ese cachito de nuestro cuerpo nunca se equivoca.


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