21 abr. 2016

Con 132 niños apadrinados por banda, viento en popa a toda vela…

Llevaba días pensando sobre qué tema podía escribir en el blog de Bodouakro, así que cuando Aidén me propuso contar el primer viaje de padrinos de Bodouakro me pareció todo un honor y no lo dudé ni un segundo.

El fin de semana del 8 y 9 de abril tuve el privilegio de formar parte del primer viaje de padrinos de Bodouakro; el lugar elegido fue Extremadura, concretamente, Almendralejo y Mérida, y la anfitriona, Estefi, la “rubia lista”, a la que tuve la suerte de conocer y de  la que solo puedo tener buenas palabras por su bienvenida, su implicación, su sonrisa, su entrega. En fin, qué decir que no sepáis, muchos la conocéis mejor que yo.

En el viaje pude comprobar que si el barco de Bodouakro navega a toda vela es, entre otras cosas, por la buena sintonía entre los padrinos de Bodouakro, capitaneados por Cristina Saavedra y Aidén Calvo; ese bajel en el que todos remamos en el mismo sentido se está convirtiendo en una flota de barcos y ojalá llegue un momento en el que a esa flota ya no le queden mares que surcar (de sueños también se vive).

Para poder completar el relato del primer viaje de padrinos de Bodouakro y para comprobar si yo había tenido las mismas sensaciones que ellos, pedí a cada uno de los padrinos que estuvieron y a sus acompañantes que colaborasen dándome una palabra con la que asociarían el viaje….. Y por suerte pude confirmar que mis sensaciones, emociones y sentimientos son las mismas que las suyas…
Pues bien….he aquí el “Primer glosario turístico-emocional de Bodouakro”:

Placa en el Palacio de Monsalud. Almendralejo.
Foto: Gaëlle Guerreiro.
Busto de Carolina Coronado.
Foto: Gaëlle Guerreiro.
A de Almendralejo: Cuando se habla de Extremadura se suele pensar más en otros lugares; de hecho la “rubia lista” me contó que para los extremeños Almendralejo es la Lepe de Huelva. Pues señores, no estoy de acuerdo, el “poblado”, como algunos le llaman, cuya economía está basada en el cultivo de la vid y el olivo, cuenta entre sus ilustres ciudadanos, a parte de a dos de las madrinas de Boudouakro, Estefi y Paloma, a los autores románticos José de Espronceda y Carolina Coronado. Así que, además de haberme servido de inspiración para escoger el título del artículo, permitidme que anime a los románticos y no románticos a pasarse por esta villa a vivir la Ruta Literaria del Romanticismo.

Busto José de Espronceda.
Foto: Gaëlle Guerreiro.
B de Ginebra de bellota: Es una de las especialidades de Almendralejo pero además de que unos cuantos se tomasen un gin-tonic con ginebra de bellota después de cenar, nos dio pie a charlar animadamente sobre el concepto de solidaridad y de riqueza. “No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita”.

C de Compañerismo: No nos conocíamos de nada (por lo menos algunos) pero creo que desde que llegamos la energía fluyó entre nosotros y se intentó que todo el mundo estuviera a gusto. Aidén y los antiguos padrinos, Estefi, María y Pablo, intentaron crear un buen ambiente desde el primer momento y desde luego que lo consiguieron. Y los nuevos, Christian, Juan, Paloma, Álvaro y una servidora, intentamos aportar nuestra dosis de buen rollo para que todos nos sintiéramos como en casa. Tan en casa que alguien se quedó con la llave de la habitación para volver en otra ocasión…. Se dice el pecado pero no el pecador.

D de Dulcinea: Así se llamaba el Hotel de Almendralejo en el que Piedad, Belén, Tamara, Juan Diego, Engraci y Estefi nos acogieron tan maravillosamente. Nos sirvió como base de operaciones para los primeros aperitivos, las primeras cervecitas, en fin la primera toma de contacto. Tan bien nos trataron que en la cena solidaria que organizamos el último día personalizaron la tarta con el nombre de Bodouakro. Cada vez tengo más claro que el efecto Bodouakro se extiende más allá de nuestros mares hasta el punto de que marineros de otros barcos se unen a nuestra causa.

F de Feeling… mucho feeling: Ese feeling se notó desde el minuto cero. Llevo muy poco tiempo como madrina, tan poco que Akissi Rebecca aún no ha recibido mi primera carta y lógicamente yo no he recibido la suya. Pues bien, yo iba al viaje con un poco de miedo, con respeto, con inseguridad aunque también con muchas ganas. Aidén me dijo unos días antes del viaje: “se te va a quitar la timidez de golpe”. Y desde luego que se me quitó y la sustituí por una ración de “feeling” que sigue hoy en día y que, aunque no sé cuando nos volveremos a ver, se ha trasladado a las redes sociales.


G de Gratificante: El viaje resultó una experiencia muy gratificante; a los nuevos padrinos nos permitió aprender sobre Bodouakro, sobre sus proyectos, sobre su funcionamiento. Conocer de cerca algo que hasta ese momento solo conocíamos a través de los tweets y del blog y que, dicho sea de paso, lo hacía como algo a veces impersonal. Pues bien ahora ya podemos contarlo desde el corazón de alguien que ha vivido una experiencia maravillosa y transmitir nuestras sensaciones a otras personas.

I de ilusión: Ilusión con  la que hicimos este viaje. Ilusión  de poder comprobar que hay personas como tú, que sienten como tú, con las que puedes compartir vivencias y aprender de su experiencia; pero sobre todo ilusión de ver que todos estamos convencidos de que este barco llegará a buen puerto aunque tenga afrontar mar de fondo, tempestades y olas de seis metros de altura;  y que llegará un día en que nuestros grumetes de Costa de Marfil y sus familias podrán encontrar los medios para llevar el timón de sus barcos siendo autosuficientes.

Kevín, Javier o Álvaro.
K de Kevin Costner de Jezuz: Así es como se hizo llamar Álvaro. ¿qué por qué? Porque desde la salida de Madrid Aidén le cambió su nombre verdadero por el de Víctor. Y él decidió que para llamarle Víctor prefería que le llamasen Kevin Costner de Jezuz, Kevin el Gladiador para los amigos. En fin, que me da en la nariz que alguno de los acompañantes pasará a ser padrino en breve.



Anfiteatro romano. Mérida.
M de Mérida: El sábado pasamos el día en Mérida y aprovechamos para conocer la historia de su teatro y anfiteatro romanos guiados por el Consorcio de la ciudad monumental de Mérida y la arqueóloga Rocío Ayerbe. Desde aquí gracias por su colaboración con Bodouakro, por su implicación y por su forma de vivir la historia.  Por cierto, si alguno está pensando en casarse, que sepa que puede hacerlo en el Teatro romano de Mérida, eso sí, contará con muchos invitados que no tenía previsto. Y os animo, a que después de haber celebrado el romanticismo os quedéis unos días más y asistáis al Festival de teatro clásico de Mérida.

Teatro romano. Mérida.

N de Casa Nano: Antes de realizar una visita monumental de Mérida hicimos una parada en Casa Nano. El dueño, Nano, nos reservó una sala para deleitarnos con su revuelto extremeño y su solomillo de cerdo ibérico al ajillo.  La comida nos permitió estrechar vínculos y conocernos un poco más, eso sí, como no, todo ello regado con cervezas, vinos y licores varios.


P de Poto…: Me voy a abstener aquí de escribir el nombre entero de la palabra en cuestión. Pero os voy a dar dos pistas: la primera es que aunque nosotros lo asociamos a una parte de la anatomía femenina, según la RAE es un recipiente en el que se sirve la sal. Y la segunda es que también es el nombre de unas conservas que tienen como eslogan “Todos tenemos derecho a disfrutar de un buen Poto... diario." Esto nos permitió, a parte de echarnos unas buenas carcajadas, charlar animadamente sobre el efecto que pueden tener ciertos nombres y eslóganes rompedores sobre la compra o no de ellos; y, aplicándolo a Bodouakro, creo que se puede decir que las redes sociales y su presencia en Internet han contribuido de forma muy notoria a dar a conocer  estos maravillosos proyectos y a conseguir, que cada vez más personas decidan subirse a este barco y remar con nosotros.


R de Risas: Ha sido uno de los denominadores comunes del viaje y, por lo que me han contado, de la relación entre los padrinos de Bodouakro. Desde luego si como dicen, la risa aumenta la esperanza media de vida en 4 o 5 años, podemos celebrar que tenemos asegurado unos cuantos años más. No os voy a engañar, las cervecitas, el vino, la crema y la ginebra de bellota contribuyeron a esas risas. Sí, habéis oído bien, en Almendralejo se elabora crema y ginebra de bellota y cava (aunque el cava no lo catamos). Pero las risas vinieron sobre todo por el buen ambiente que se creó desde el principio, ese efecto Bodouakro que hace que cada vez que tomas un chupito de su brebaje la forma de tu boca empieza a cambiar y se te dibuja una maravillosa sonrisa en tu cara.


S de Sorpresa inesperada: Eugenio,  hizo el el maravilloso esfuerzo de llegar el sábado por la noche para estar en la cena solidaria y darle/darnos la sorpresa a Aidén y consiguió que se nos humedeciesen los ojos a todos. Como veis el efecto romanticismo de Almendralejo llega allende los mares. “Le pudieron más las ganas de venir y conoceros que la prudencia”. Dice una canción que “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. Bodouakro es una maravillosa caja de sorpresas que no tiene fin. ¿Cuál será la siguiente?
  
U de Unión: Con este viaje se han estrechado lazos entre los antiguos y los nuevos padrinos; estos dos días de convivencia nos han permitido unirnos, intercambiar experiencias, sensaciones, emociones. Y si, como dicen, la unión hace la fuerza, estoy convencida de que el velero bergantín de Bodouakro tiene fuerza suficiente para afrontar, marejadas, marejadillas y todo lo que se le ponga por delante en su aventura.

“(...) Y se dio cuenta de que nadie jamás está solo en el mar” (Ernest Hemingway) No, aunque aún le queden muchos mares que surcar, el barco de Bodouakro nunca está solo. Sus capitanas, marineros y grumetes forman una maravillosa tripulación que lleva el timón conjuntamente, que nunca se rinde, que se apoya, que se quiere. ¡Nos vemos en la próxima expedición de Bodouakro! Bon vent, bonne mer!

                                                                                                          GaëlleGuerreiro



13 abr. 2016

Esta historia no la conoce nadie...

Esta historia no la conoce nadie, siempre pensé en que algún día la escribiría y hoy es la hora...

Tenía 13 años y estudiaba bachillerato y en el barrio se instaló un chico negro, luego supe que era guineano. 

Teníamos más o menos la misma edad, cogíamos el autobús a la misma hora para ir a clase, con nuestra mochila de libros, yo bajaba en la parada del instituto y él seguía hacia donde nunca supe. Nos observábamos sin mirarnos a los ojos, siempre noté su mirada hacia mi que agachaba cuando yo le observaba. Pasaron unos meses y un día una amiga me subió a casa una hoja de libreta partida por la mitad, tenia un mensaje: "te espero en el banco de la parada de autobús a las 5 de la tarde, me gustas".

No me dejó bajar por mucho que insistí a mi madre, "no lo conoces hija, cualquiera sabe qué querrá"...

Y ahí empezó mi aventura de amor por África...
Empecé a leer libros sobre ese continente, a enamorarme de sus paisajes, de los relatos que leía, de los documentales que devoraba como una posesa.

Hasta que llegué a "Memorias de África", la película, no voy a olvidar nunca lo que dije a mi querida y añorada madre: "un día volaré hacía allá como ella y sé que me quedaré allí para siempre", aún oigo sus risas, "vaya, con lo cabezona y peguijera que eres, lo que te propongas".

Y en ello ando desde entonces, enamorándome cada instante, de sus gentes, de su tierra roja, de su pasión por la vida, de las acogidas cuando llego, sus abrazos y su amor que es mi recompensa.

Conocí a Cristina Saavedra y a Aidén Calvo por las redes sociales, pura casualidad que se transformó en pocos días en causalidad, chismorreé qué hacían y así llegué a Bodouakro, después de un mensaje privado de Cristina, tan cariñoso que me hizo enrojecer.

Apadrinar a estas niñas o niños africanos es una recompensa por lo que me han regalado ellos con tanta generosidad desde hace ya años. Si no das, es que no tienes nada...
Ahou Anastasie

Primero fue Malawi, mi segunda tierra, ahora Costa de Marfil; y quién sabe, los mapas de la vida se dibujan con las lineas de los latidos del corazón, y allá donde me lleve se quedará ese latido dando calor y vida a quien lo pudiera necesitar...

Iré a Costa de Marfil algún día, a conocer a Ahou Anastasie para abrazarla y decirle que ya la queremos, que ya es nuestra familia; lo sé y lo tengo por seguro recordando aquella frase de mi madre...
Mientras tanto, seguiré intentando ampliar mi viaje por la vida con otros mapas humanos, los caminos nunca acaban si comienzas con el primer paso...

Gracias por recibirme con tanto cariño sin conocerme; siempre me digo que, al fin y al cabo, todas y todos nos vemos con los ojos del corazón, y ese cachito de nuestro cuerpo nunca se equivoca.


11 abr. 2016

A Dios pongo por testigo, que algún día llegaré a Bodouakro

Vivo en la desmemoria. 

Desde que, hace ya 7 años, se me virara la vida con un embarazo y naciera Miguel, lo mío es un formateado de disco duro interno y una feliz amnesia en la que me agarro a cuatro cuestiones logísticas básicas para que el niño no se me quede abandonado en la calle, coma, salga vestido y limpio de casa y duerma. Lo demás ha pasado a ser secundario. Partes enteras de mi vida anterior se han hundido en una especie de mar de arena mental y supongo que, si hay suerte y llego a centenaria, empezarán a salir a flote en mi vejez y recuperaré esos recuerdos. Exactamente como he visto que sucede en los documentales de National Geographic con los fósiles de dientes de sable conservados en alquitrán en algún punto de Estados Unidos. O eso espero. 

Todo esto para decir que estoy instalada en una especie de limbo mental y que no recuerdo exactamente cómo llegué a Cristina Saavedra, que es -bien sûr- la razón por la que me enganché a Bodouakro. 

En la nebulosa que es mi pasado, me queda claro que nos conocimos personalmente en la Universidad Complutense, en Madrid, en un acto sobre cómo informar mejor sobre el continente africano donde estaban invitados periodistas y comunicadores españoles y africanos. Hablamos sobre Costa de Marfil, nos indignamos juntas a remolque de la última guerra y acabé expresándole mi deseo de amadrinar a un niño que, ironía entre ironías, acabó apellidándose Ouattara. Sé que, indudablemente, la invitamos a ese acto -que organizábamos en Casa África, donde trabajo- porque conocíamos su pasión por África. Cómo me enteré de que estaba conectada a Costa de Marfil es, a estas alturas de la película, para mí un misterio. Confío en su memoria intacta para aclarar ese punto de inflexión de nuestras vidas.  Si su cabeza también sufrió un proceso de formateo entre tongas de proyectos y facturas, es una información perdida ya para siempre hasta, quizás, nuestras respectivas “vejeces”. Quizás, repito. 

Lo cierto es que llegué a Bodouakro gracias a Cristina y llegué a Cristina gracias a Costa de Marfil. Y que todo empezó, en realidad, el día que conocí al padre de Miguel, Marc, negro como el chocolate amargo y bété de Gagnoa. Un casi primo lejano de Didier Drogba, para entendernos. Eso sucedió en una reunión de voluntarios y asociaciones que trabajan con migraciones en Tenerife. Costa de Marfil y Abiyán eran entonces nombres que había aprendido en clase de geografía pero que no me sonaban a otra cosa que exotismo y misterio. No podía localizarlos, en aquel momento, en un mapa. Mantuve a Marc a raya cuanto pude, porque habíamos bailado juntos y sabía que el suelo se movía bajo mis pies cuando él me miraba. Pero una noche de diciembre de 2006 que no se me ha borrado de la memoria bajé la guardia, él me robó un besó y voilà, se abrieron las puertas a mi personal ivoirité y a Miguel.  

Llegué a Bodouakro por culpa de este culebrón con sabor a cacao y café. Hice apadrinar a mis padres. Comí con Aidén en un VIPS más tarde. Me salté la mayoría de los turnos de correspondencia en alas de esa amnesia que me pone siempre al borde del sobresalto, dejando a mi pobre Ouattara sin noticias la mayoría de las veces que el cartero llega a Bodouakro. Lo mismo le pasó a N’dri, el chiquillo al que apoyan mis padres y que también es mi responsabilidad a la hora de la correspondencia. Sin reproches, Aidén me pasa puntualmente sus cartas, sus notas, sus fotos. Los veo crecer a los dos. Mi Ouattara tiene unos ojos con la profundidad de la Laguna Ebrié y una cara seria en las fotos. También tiene una letra clara y disciplina académica. Va bien en el colegio. Con frecuencia miro su foto en el salón, leo sus cartas y me gusta imaginarlo trabajando en su pupitre, corriendo por una calle polvorienta, jugando con los amigos, comiendo atieké a la sombra de un mango. 

Desde que me convertí en madrina, he viajado seis veces ya a ese país lejano, que veía tan exótico y misterioso hace unos diez años y que ahora considero mi hogar. Costa de Marfil es hoy el sitio donde considero que soy feliz, donde quiero vivir con Miguel un día. Si hay suerte y los astros se alinean a nuestro favor. 

De momento, no he podido llegar hasta Boduakro. Pero soy periodista, maquino reportajes, molesto a Aidén calculando distancias y enlaces. También soy madrina, maquino encuentros: desearía que mi Ouattara y mi Miguel se dieran la mano, que visitemos la escuela juntos, que Miguel pueda revolcarse en la tierra de Bodouakro jugando. 

Me gustaría que lo hiciéramos este verano. Sacarle a mi padre su primer pasaporte, vacunarle de fiebre amarilla, hacer acopio de agua embotellada y almax para el picante. Irnos a dar tumbos por carreteras recónditas en la selva y las plantaciones y al final de una de ellas, encontrarnos a Ouattara y N’Dri.

Una de mis coletillas favoritas en Twitter, que a veces comparto con Aidén y que me sirve para desfogarme cuando me pueden las cosas, es “Señor, si existes”. Estos días me repito dentro de esa cabeza vacía mía, donde las cosas no se quedan a menos que tengan relación directa con Miguel por más que me desespere en retenerlas, una frase que me viene rondando desde hace meses: “Señor, si existes, dame los medios para llegar a poner el pie en Bodouakro”

La esperanza es lo último que se pierde. Mucho después que la memoria, seguro. 



5 abr. 2016

REGALOS CON CORAZÓN. REGALOS QUE PORTAN EDUCACIÓN

Daloa, 7/03/2016. 7.00a.m.

Hoy es un día diferente. Hoy somos portadores de regalos que se esperan con ilusión. Regalos que nuestros niños desean pero que desconocen su fecha de entrega, ya que pocas veces la hacemos coincidir con fiestas cristianas al tener varias comunidades religiosas. Hoy es un gran día.

Cada año, las donaciones de los padrinos por navidades se destinan a cubrir diferentes necesidades en la escuela de Bodouakro. El trabajo, para que engañarnos, no es el más sencillo del mundo,  la planificación y decisión sobre necesidades en función de las cantidades donadas es  un poquito compleja,  pero sus sonrisas al recibir los regalos de sus padrinos nos resarcen de todo el tiempo empleado. Os cuento como lo hacemos para que os hagáis una idea y tengáis una opinión sobre esta actividad.
 
Primer paso: Hablo con François para que vaya detectando, al mismo tiempo que hace la actualización anual de alumnos en la escuela, las necesidades de ésta y de los niños. Él se encarga de preguntar al director del cole, a los profesores, a los padres y a los propios niños, elaborando un listado con todo lo que comprueba que es necesario y con la debiente justificación del por qué de cada uno de ellos. De no ser por estas donaciones estas carencias no quedarían cubiertas, ya que los padres no disponen del dinero suficiente para ello.

Segundo paso: A finales de octubre, principios de noviembre, me pongo en contacto con todos los padrinos y madrinas de Bodouakro, y aquellos que lo desean me avisan de las cantidades que quieren donar. Son días y días recibiendo e-mails con donaciones, hasta casi mediados de diciembre. Registrando cada una de ellas y pasándolas a Global Humanitaria para que las registren y procedan a su cobro en recibo aparte. De esta manera, cada padrino lo tiene diferenciado de su recibo mensual.

Tercer paso: Una vez que sabemos el dinero del cual disponemos, Cristina y yo nos reunimos con un café por medio y mucha paciencia y analizamos lo que podremos adquirir y lo que tendremos que dejar aparcado para mejor momento. Y no siempre estamos de acuerdo, jajajaja. Queramos o no, y teniendo en cuenta que hacemos beneficiaros a TODOS los niños, hay  que seleccionar.

Cuarto paso: Mientras nosotras decidimos, François se lanza a la calle (no literalmente, pobrecito mío) y trata de negociar con algunos comerciantes el precio final, a ver si con suerte nos lo pueden dejar más barato. Algunas veces hasta  lo consigue y todo, y doy fe que eso para él representa  un esfuerzo extremo, menos mal que también contamos con Daniel Kone que es más combativo y sabe negociar con quien se ponga por delante. 

Quinto paso: Cuadramos necesidades de cada clase con donaciones multiplicado por alumnos y ya llegamos a la recta final. ¡Por fin! Ahora sí que puedo dar la orden de compra. François adquiere los materiales y los prepara junto a Dan para llevarlos en nuestro destartalado coche al campamento.

Último paso: El mejor de todos,  ¡¡¡el reparto!!! Día de risas, nervios, apretujones, sorpresas, fotos…  Las donaciones de los padrinos  se han convertido en libros de lectura y escritura para los más pequeños, juguetes educativos, balones, cuentos, mochilas, ropa, libros para los mayores (que no creo yo que reciban entusiasmados libros de matemáticas, pero falta, lo que se dice falta, les hace).

No sé si los Reyes Magos existieron de verdad, pero sí sé que hay personas con un gran corazón que se preocupan de verdad por estos niños, que están pendientes de ellos y que se implican de manera sorprendente. Y es un orgullo llamarlos PADRINOS