26 ene. 2016

"Yo querría tener más fotos de ti"

Así acababa Khoissan la primera carta que me envió. La verdad es que cuando decides apadrinar a un niño de estos al principio es un poco jodido porque ¿Qué le cuentas a una niña de nueve? Una vez que arrancas no sabes si vas a acertar. Viven en casas de adobe, su colegio es su tesoro pero si lo comparamos con los nuestros pues es lo que es, sus caminos son de tierra ni gota de asfalto…

Supongo que será el pudor pero me costó escribirle la primera vez. Recuerdo que le envié muchas fotos, le hablé de mi familia y de dónde vivo. Su respuesta fue corta aunque me impactó mucho más la segunda vez que me escribió: “yo no tengo fiesta de cumpleaños porque mi papá trabaja en el campo y no tiene mucho dinero para invitar a mis amigos.” 

¡Joder! ¡Qué mierda de vida le ha tocado! Nace en una época de entreguerras, hubo dos conflictos armados en Costa de Marfil en 2002 y 2011, va a un colegio donde no tienen ni bolis, ni lápices, ni libretas. Escriben en pizarras con tiza, que es lo más común en las escuelas rurales, pero aún así no deja de ser una mierda. Usan los colores y los bolis cuando nos mandan dibujos o responden a nuestras cartas y encima no tienen fiesta de cumpleaños… Esto puede resultar demagogo pero hemos salido de una época de consumo total, comidas y cenas ‘pa reventar’, regalos para todos que no hacen ni ilusión y la única preocupación de nuestros niños es que los trajes de los Reyes Magos sean de verdad y no de telas ‘falsas’, hay que joderse…
Foto vía Estefi.

Duele y a la vez reconforta que se vuelvan locos con unas mochilas o con material escolar nuevo. Son detalles que te dan una ‘guantá’ y te coscas de que no valoramos los pequeños detalles, de nuevo diréis que es demagogia, pero es que cuando te implicas en un proyecto como este sin darte cuenta, tu vida cambia y la percepción de las cosas también. No hace falta viajar allí, aunque las ganas sobran, para entender que si nosotros no les echamos un cable nadie se lo va a echar…

Seguiré enviándole fotos y pensando en su última propuesta: “yo sería muy feliz si tú vinieras a verme a nuestra hermosa escuela.”

¡Toma ya! ¡A pensar!



22 ene. 2016

Mis motivos para apadrinar

Me animo a escribir estas líneas por si alguien, tras leerlas, se anima a hacer lo mismo, pues fue lo que me ocurrió a mí tras leer el testimonio de Estefi en el blog de Bodouakro.

Mi nombre es Paloma, tengo 39 años y no soy diferente a ti que estás leyendo esto, soy una mujer normal, vivo en una ciudad pequeña (o un pueblo grande, que me gusta más), trabajo, estoy casada y tengo dos hijos. Me gusta la cocina, la pintura, ver series de televisión, salir con los amigos a tapear los fines de semana y viajar. 

Esa “normalidad” me convierte en una privilegiada, porque no tengo que preocuparme de si mis hijos tendrán cubiertas sus necesidades básicas, ni de si podrán estudiar o tendrán oportunidades en la vida. 


Madres de Bodouakro durante curso de alfabetización.
Foto vía Cristina Saavedra.
Y parándome a pensar un poco, es tremendamente injusto que otros padres, sólo por el hecho de estar en otro lugar geográfico, sí tengan esas inquietudes. Debe ser muy duro no saber si tus hijos tendrán comida, o podrán estudiar, porque tengan que colaborar en casa (sí, en muchos lugares del mundo el trabajo infantil es una realidad) o simplemente porque no tengan acceso a la escuela, por lejanía o por ausencia. Y debe ser muy angustioso no saber qué futuro les espera, saber que no cuentan con muchas oportunidades, y que tendrán que esforzarse mucho para aprovechar esas poquitas que la vida les da.

Y ahí, tras esa reflexión, es cuando me doy cuenta de que no puedo mirar hacia otro lado y dejarlo pasar, no puedo seguir poniéndome excusas. No vale pensar que es una aportación demasiado pequeña para cambiar el mundo. De acuerdo, no voy a cambiar la situación económica, social o política de ningún país, ni voy a acabar con las injusticias, las guerras y la explotación, pero sí voy a cambiar la vida y el futuro de una niña, de una familia, y voy a contribuir a dar más oportunidades a una comunidad.

Admiro profundamente a los cooperantes que sacrifican su tiempo y sus vidas por ayudar a los demás, ojalá hubiese más gente como ellos, seguro que el mundo sería un lugar mejor. Pero ellos, sólo con buena voluntad no pueden desarrollar su labor, necesitan financiación para llevarla a cabo, y ahí es donde entramos todos los que no debemos (no podemos) mirar a otro lado. No te pido que dejes tus obligaciones y te vayas a la otra punta del planeta a construir una escuela, pero sí que apadrines, que sientas esa satisfacción de ayudar, de aportar tu granito de arena. Puede que no te sobre el dinero, a mí tampoco, pero es mucho más lo que recibes que lo que entregas, en mi casa fue una alegría recibir la foto de nuestra ahijada, y deseamos que le vaya bien en la vida, y que sea feliz, y si nosotros hemos contribuido a eso ya será más que suficiente.
Ojalá y os animéis a apadrinar.
Muchos besos.



18 ene. 2016

El cartero que siempre llama más de dos veces. (o de tres, o de cuatro…)

Qué fácil resulta ponernos en contacto con quien deseamos, ¿verdad qué sí?  Tenemos WhatsApp, Twitter, móvil… incluso el correo ordinario tan denostado últimamente sigue  funcionando para aquellos que prefieren la palabra escrita.

Pues venga, ahora imaginaos una aldea en medio de la nada, sin agua corriente ni electricidad,  con casas de adobe y donde el móvil es un lujazo y lo de las redes sociales mejor lo dejamos para otro día.

Sí, hablamos de Bodouakro, y os contaré qué hacemos para que esas cartas que escribís lleguen y lo que significa la correspondencia para los niños.

Primero, avisar a los padrinos y madrinas para que aquellos que lo deseen se pongan manos a la obra y escriban una bonita carta con fotos o dibujos incluidos a sus niños.
Y ya de entrada cuando aviso se produce el maremágnum. Primero, algunos la envían rápido. Segundo, los que lo dejan para el último momento y tercero, siempre siempre tengo algún despistado/a que cuando se han enviado pregunta  por la fecha limite porque no la recuerda. Jajajajaja, ¡me encanta tanta diversidad! Supongo que otros lo odiarían, no es mi caso, veo la implicación.Traduzco, registro y envío por email todas ellas.

Lo segundo es dar orden al “cartero” para que se vaya preparando, esté pendiente de la llegada de las cartas y una vez recibidas… corriendo a entregarlas.
Foto vía Aidén Calvo de Miguel.

Y lo tercero,  el tiempo. No hablo del  tiempo que emplearemos en llevar a cabo la actividad para que la comunicación entre padrinos-ahijados sea fluida, hablo del tiempo meteorológico de Costa de Marfil. En época de lluvias… ocurre lo que veis.  Este es el camino a Bodouakro, como bien suponéis, de asfalto nada de nada, tierra apisonada únicamente gracias al trasiego de gente y gracias. Lo que para nosotros supone un recorrido de media hora, se convierte en un viaje de casi tres allí. Os lo puedo asegurar porque lo he vivido, montada en la moto con mi compañero en viaje de vuelta a Daloa. No quiero recordar el dolor al bajarme ni los golpes de un casco demasiado grande para mi cabeza con los baches del camino… ¡me dolían hasta las pestañas!

Aprendí a valorar el trabajo de François y a dar gracias por tenerle ahí, dispuesto siempre a hacerlo lo mejor posible.
Foto vía Aidén Calvo de Miguel.
Cuando mi compañero aparece en Bodouakro los niños se dan cuenta enseguida que algo hay. Muchos padrinos me comentan que sus niños son muy serios, pero lo único que ocurre es que posan para las fotos.  Esto es lo que sucede cuando “el cartero” François aparece de improviso.

Las cartas se reparten y  los niños las leen y  escriben las respuestas a sus padrinos. Naturalmente esto no ocurre el mismo día, siempre hay algún pequeñajo que por algún motivo no ha ido al cole, así que nos tocará volver dos o tres o más veces a por ella.  Creo que François puede hacer el camino Daloa-Bodouakro, Bodouakro- Daloa con los ojos cerrados, en época de lluvia y sin meterse en un solo socavón.

Las cartas de los padrinos son una ventana al exterior para estos niños, les muestran otros mundos  con ciudades que buscan en el mapa de la escuela, les ayudan a pensar que también ellos quieren seguir estudiando (algunos quieren estudiar la profesión de sus padrinos) y les fuerza a escribir y leer mejor.
Foto vía Aidén Calvo de Miguel.

Ojala dentro de poco todos ellos deban esforzarse, eso significaría que cada uno recibe una carta o pinta un dibujo porque hay una madrina o un padrino implicado en su educación. Aunque tuviéramos que comprarle una saca a nuestro cartero particular. Aunque tuviera que “llamar” más de 10 veces.
Significaría el pleno apadrinamiento en Bodouakro.