20 dic. 2015

La educación es la base del futuro

Hola a todos. Me llamo María, tengo 35 años, soy profesora de educación secundaria, y orgullosa madrina. ¿Por qué he decidido amadrinar?, muy sencillo.

Por un lado, tengo la firme convicción de que aquellos que tenemos las cosas, un poquito más fáciles,  debemos echar una mano y ayudar para hacer la vida de aquellos más necesitados un poquito mejor. Desde que estaba en la facultad tenía claro que en cuanto me  lo pudiese permitir apadrinaría. ¿Por qué me decidí por este proyecto?, pues que Cristina esté detrás ayuda, es una de las periodistas que más credibilidad me da, y sabía que estando ella en el proyecto no habría problema.

Foto vía Aidén Calvo de Miguel.
Pero principalmente, por  mi profesión. Como profesora que soy, soy muy consciente de la importancia que tiene la educación para el futuro de un país. Y ese es uno de los pilares fundamentales de este proyecto. En la escuela, los niños reciben una educación, que poco a poco les dará las bases para, dentro de unos años ser capaces de saber que cosecha hay que plantar en cada momento, saber cuándo recogerlas, para aprender a sumar, restar y multiplicar para saber cuando les están pagando lo que les deben por sus cosechas o no, incluso quién sabe, puede que el día de mañana alguno de nuestros peques vaya a la universidad y termine ganando el premio Nobel de Medicina, o de Física, o acabe siendo Presidente de Costa de Marfil.

A lo que voy, lo realmente importante, son nuestras pequeñas aportaciones. Por menos de un euro al día, señores menos de lo que nos cuesta un café, o una caña al salir de trabajar, podemos ayudar, y mucho a que el futuro de estos niños sea un poquito mejor, lo que poco a poco puede traducirse en un futuro mejor para Costa de Marfil, cuando estos niños de hoy, sean los que lleven las riendas del país. Así que, desde aquí os animo a que no os lo penséis y apadrinéis un niño, que no cuesta nada.

María Álvarez

17 dic. 2015

Cómo un vestido de neopreno y “una noche en El Prado” me llevaron a Bodouakro

Mi experiencia con Bodouakro es muy reciente. Los Derechos Humanos siempre me han llamado la atención. Con diecinueve era voluntaria y trabajaba con niños. África, la descubrí cuando vi por primera vez “Memorias de África”, con siete. Esto puede resultar muy romántico y no lo es para nada porque ese descubrimiento me provocó un respeto enorme por el continente. África siempre estuvo ahí pero la miraba con impotencia: “¡Mamá! ¿Nadie hace nada allí? ¡Mamá! ¿Nadie ayuda allí?” con diez eran mis preguntas y claro a los que me rodeaban no les parecía muy normal…

Foto vía Estefi
Entro en Twitter en el 2011 y como en toda primera experiencia en la que no tienes ni (puta) idea, te dejas llevar por lo que hacen los demás. Hasta que empiezas a seleccionar por intereses: arte, periodismo (una de mis espinitas)… y aparecen tres personas en mi “vida tuitera” primero y en la 1.0 después que me redescubren África y los Derechos Humanos. Se enciende “la luz” y me doy cuenta de que en Twitter, África existe y existe mucho.

La crisis que todos hemos sufrido de una manera u otra me llevó a “chupar sofá”, a no salir mucho los fines de semana, a ver mucha tele y a comentarla vía Twitter. Esto es un ejemplo de cómo empecé a forjar mi fama de borde en la red social.

Foto vía Estefi.
Un día de junio Cristina Saavedra pone esto: una visita nocturna al Museo del Prado, moría de envidia… pensé que lo del vestido debía ser un error, que alguien que tuitea sobre arte no puede tener tan mal gusto. ¡y no me equivoqué! ¡Uffff qué alivio! de verdad. Comencé a seguir a Cristina y mi “TL” tomó otro color; retuits y tuits sobre África, Derechos Humanos, fotografía (suyas y de otros)… todo empezó a transformarse y esa impotencia con la que miraba a África, con diez, se convirtió en ganas de ayudar aunque fuera desde aquí, pero ayudar. La jodía crisis no te deja ir a más hasta que en noviembre de 2014 fruto de una desgracia familiar, paradojas, mi crisis particular mejoró y lo primero que hago es querer colaborar con Cristina y su proyecto en Bodouakro, en Costa de Marfil. Lo poco que sabía era lo que había leído pero Cris me ganó. ¿Conocéis esa sensación que aunque compartas poco con alguien parece que la conoces de toda la vida?


Y en diciembre amadriné a Khoissan, una enana de diez, preciosa, con una de las miradas más tristes que he visto jamás, que cuenta poco pero lo agradece todo y eso llena, quieres más. Al menos que sus necesidades estén “casi” cubiertas. Descubres que detrás de Cristina hay una gran familia encabezada por Aidén que nos cuenta cómo van nuestros enanos en Bodouakro, nos implica, no nos deja en el olvido, no nos envía la foto y ya. Nos reúne y parte de la familia de Bodouakro (la otra parte está en Costa de Marfil) se conoce, comparte y toma la iniciativa siempre mirando a nuestro “NORTE” que está en el Sur. 

No me enrollo más porque aburro pero esta familia marfileña es otro de los motivos por los que levantarse cada mañana tiene sentido. Ahora tengo a Bodouakro muy presente y no paras de dar vueltas en la cabeza para que surja una idea, que los otros cien niños que esperan padrino, lo tengan pronto y que los proyectos se mantengan por sí solos. Pero siempre estaremos ahí y no los dejaremos caer, seremos la cama elástica donde reboten.

Y así fue cómo un vestido horroroso que parecía de neopreno y una visita nocturna al Museo del Prado me llevaron a Bodouakro.

Gracias Aidén y Cris por abrirme la puerta e invitarme a entrar. 

13 dic. 2015

Los niños y la esperanza

Los niños son niños siempre que pueden y que les dejamos. En cuanto ven un juguete, se lanzan a por él. Les vence la curiosidad y miran el mundo con los ojos bien abiertos, para no perderse nada. Basta ver las imágenes de los pequeños refugiados, intentando hacer una travesura al horror, para darnos cuenta de su capacidad de recuperación, de encontrar ilusión en casi la nada.
Foto vía Aidén Calvo de Miguel.
Pero hoy quiero escribir de niños y olvidarme de guerras, de éxodos horribles, de hambre, de necesidades, de falta de amor. Quiero olvidarme de ello, fijarme en su sonrisa, que, solo con dibujarse, ya hace asomar la tuya; en la risa sonora que ilumina sus caritas y a la que respondes de la misma forma sin apenas ser consciente de ello. Quiero asombrarme con su capacidad para el asombro, sorprenderme con sus gestos de sorpresa, aprender mientras aprenden, ser feliz con la misma fuerza con la que muestran su felicidad.
¿Recuerdas tu infancia? Mirabas con ojos limpios, sin maldad. Una caja era un castillo. Un palo, la mejor espada. La cama, una tienda de campaña en el bosque. La cuerda y la goma, la mayor diversión posible. La carta a los Reyes Magos, un acontecimiento. El día de Reyes, la felicidad suprema.
Los adultos añadimos matriuscas por cada nueva armadura que nos ponemos en la vida. Así, una dentro de la otra, hasta que ya no vemos nuestra piel y apenas escuchamos al corazón. ¿Por qué no proponernos ir abriendo, poco a poco separando, para, al final, ir quitando cada una de esas matriuscas e ir descubriendo la que permanece debajo hasta llegar a la primera, a nuestra esencia, a nuestra infancia?
Los niños son el porvenir, sí, pero también el presente. El pasado ya no está, el futuro aún no existe, solo tenemos el aquí y el ahora para construir el mañana. Por eso, debemos movernos, dejar de mirarnos el ombligo y procurar que los niños llenen sus horas de la mayor felicidad que sea posible. Empieza por los que tienes a tu alrededor, sin olvidar a aquellos desconocidos que, como los que están junto a ti, necesitan de amor, protección, educación y esperanza.
Esta es la palabra clave: ESPERANZA. Un niño es una perla verde turquesa, que solo existe en nuestros mejores sueños, una joya única, rara y maravillosa, viva donde viva, sea donde sea, esté donde este, y tenga las circunstancias que tenga. Sin esos pequeños no, no hay esperanza alguna, no hay futuro, no hay nada.
No obstante, la vida que hay en ellos es tan fuerte que estalla en cuanto se lo permitimos. Lo hace con risas, con abrazos, con sonrisas, con carcajadas, con esa lógica tan aplastante que te deja boquiabierto, pensando de dónde se habrá sacado eso. Solo con mirarles a los ojos y ver cuánto amor hay en ellos, basta para alegrarte el día.
Son fechas propicias para la esperanza. Para expresar deseos llenos de buenos propósitos. Sin embargo, esta vez, debes hacer lo posible y lo imposible para que se cumplan, para que deje de haber niños que se queden sin Navidad, sin sonrisa, sin calor, sin ilusión. Mira a tu alrededor. Fíjate en la cara de los pequeños ante un escaparate, al mirar a sus padres, al ver el árbol de Navidad, al abrir los regalos, y desea que todos puedan sentir lo mismo. Haz que sea así.


¡¡Feliz Navidad!!

1 dic. 2015

Queremos contároslo

Comenzamos este blog con la idea de acercaros la voz de unos niños a los que nadie oye oía hasta hace poco. Iremos contando lo que vamos avanzando allí. Habrá, lo sabemos, momentos duros y de frustraciones, pero también habrá un montón de buenas noticias, de señales de esperanza, de ver como fructifica lo que intentamos sembrar. Es tremendo ver cómo un pueblo condenado desde su nacimiento va levantándose de la gran opresión política, económica y cultural y va tomando las riendas de su futuro.

No va a ser fácil, lo sabemos, y te necesitamos. 21€ al mes es una cantidad ridícula, pero que a nadie le sobra. Sin embargo, es tanto lo que podemos impactar con esa pequeña cantidad y es tanta la gente que está dando mucho más que eso, porque están ofreciendo su vida y su energía, que compensa con creces.

Esperamos que nos acompañes en esta aventura que lleva años  en marcha pero a la que por fin nos decidimos a darle voz. Y lo vamos a hacer trabajando para el futuro, y eso significa trabajar en los niños: su educación, su salud, su esperanza...

Gracias por apadrinar. Y si no, al menos, gracias por leernos e interesarte en estos peques.